apuestas deportivas

Cómo sesgar el riesgo y mejorar la expectativa en una apuesta deportiva

En algunos casos, apostar en el deporte puede convertirse más en un calvario que en una actividad lúdica en sí misma. Pasando por fantásticas ayudas como los bonos, la clave radica en la observación. Un truco que refuerza la idea de que la mejor apuesta no es la más beneficiosa, sino la que menos pérdidas genera.

Conectar con el deporte más allá de la pantalla

Existe en nuestro vastísimo repertorio de actividades mediante las que matar el tiempo, mantener la mente despierta y –¿por qué no?– cosechar algo de adrenalina un sector reservado para la emoción del aparente azar y el insospechado riesgo. Se trata de nada más y nada menos que de las apuestas deportivas. Una modalidad ampliamente conocida de los juegos de azar y las apuestas que admite también su práctica en el espacio online y cuyo disfrute, sin lugar a dudas, está firmemente ligado a nuestra necesidad de conectar con cuantas formas de entretenimiento consumimos.

Aunque, para muchos, apostar consista en dar palos de ciego depositando una pequeña cantidad de dinero por un jugador o equipo que apenas conocemos, la clave del éxito en las apuestas deportivas va mucho más allá de la intuición. Lejos del “juego por el juego”, ya las apuestas deportivas en algunos de los distintos casinos online que hay en el mercado nos permiten aplicar bonos como los de este artículo. Una posibilidad que se nos concede como baza para ganar terreno y crédito en la apuesta y cuyo hallazgo, situando aquí el valor de la agudeza, forma parte de una estratégica coherencia.

De la apuesta al tuntún a apostar con inteligencia

En primer lugar, es preciso marcar las diferencias entre lo que podría considerarse una apuesta sin alma –o, en otras palabras, al tuntún y sin previo análisis de expectativas– y una apuesta concienzuda. Mientras que la primera, siendo desafortunadamente una de las más practicadas, carece de contenido y de una finalidad clara en sí misma, la apuesta inteligente pasa por un procedimiento que sí obedece a un criterio más certero. Además, esbozando razones de ser que tanto tienen que ver con nuestro propio fanatismo y amor por la emoción de los deportes, como con la voluntad de conseguir un suculento ingreso extra que dé tregua a los ahogos económicos.

Es por todos sabido que la mitología del deporte ha configurado en el imaginario colectivo la sensación de formar parte del jugador que juega. Aun sin ser nosotros quienes operamos en el campo de juego, permaneciendo como meros espectadores de la élite deportiva, las sensaciones que sentimos trabajan en nosotros una formidable empatía con nuestro bando en el juego. Una conexión que, sin lugar a dudas, a menudo suele intensificarse cuando hay dinero de por medio y, más allá, cuando dicho factor puede contribuir al beneficio de nuestros bolsillos.

Restándole ambigüedad al azar

Situando las apuestas deportivas en un nivel similar al de los juegos de azar, y entendiendo así que su previsibilidad es tan escurridiza como improbable, podemos encontrar métodos que hagan de nuestra apuesta una apuesta inteligente y no impulsiva. Si bien es cierto que la visceralidad de un momento como el que antecede a una apuesta puede invocar grandes dosis de adrenalina en nuestra mente, ello no colaborará en nuestro objetivo básico: ganar la apuesta. Hace falta algo más para atinar mejor en nuestras elecciones y, consecuentemente, ganar y ahorrar dinero.

En ese último punto, es destacable recordar que la mejor apuesta no es aquella que nos otorga más beneficios, sino aquella que, gracias al análisis y la mesura, provoca menos pérdidas. Un buen truco es aprovecharse de los mencionados bonos, cuya promoción añade a nuestro crédito un agradecido plus mediante el que poder poner las cartas en la mesa y fortalecer la apuesta. Asimismo, y aunque esta opción sea de gran ayuda, también es necesario activar nuestra sesera para detener el impulso y trabajar la predicción con una estrategia sencilla, pero efectiva.

La clave del acierto: la observación

Dado que los actores que ejecutan un deporte no son máquinas ni objetos, su victoria o su fracaso se atañe a las particularidades del jugador o del equipo. Es decir, tanto su propio rendimiento en el campo de juego como los antecedentes del momento en el que apostamos. Siguiendo la lógica, haríamos flaco favor a nosotros mismos apostando por un equipo que no ha demostrado espíritu ni evolución positiva en los partidos precedentes al del motivo de nuestra apuesta. Sin embargo, si tendríamos posibilidad defendiendo un equipo con una evolución ascendente de triunfos. Del mismo modo que la lesión del mejor jugador de nuestro equipo puede llevar el juego al desastre.

Es por dicho motivo que, en todo momento y previamente a realizar nuestra apuesta, debemos mantener un perfil analítico no actual, sino que haya recorrido los antecedentes recientes de nuestro equipo. Ello nos permitirá labrar una mejor predicción del juego actual. Por ejemplo, sabiendo que el contrincante no es rival para nuestro caballo ganador o, por el contrario, admitiendo que es inútil apostar por un equipo que tiene todas las de perder contra un titán de su disciplina. Al fin y al cabo, todo se basa en erigir criterios firmes y reales para perder cuanto menos dinero sea posible. Y si, de paso, disponemos del apoyo de un buen bono, darle algo de razón a los impulsos.